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Cuando la culpa mueve montañas

“Culpa” es una de las sensaciones más comúnes en los seres humanos (también la que más disimulamos), culpa por mentir, por comer, por no leer, por no hablar, por tener sexo, por no tenerlo; en fin existen múltiples tipos de culpa. Sin embargo de un tiempo para acá la culpa de algunos de nosotros se ha concentrado en la “culpa” por consumir cuanto producto sale al mercado y no necesitamos, pero esta culpa no es por no necesitarlos únicamente, sino porque somos conscientes de que estos productos dañan en una forma irreversible a nuestro planeta. Ya sé que están pensando que nadie siente remordimiento por eso, pero créanme, la tendencia del GUILT-FREE STATUS está teniendo cada vez más fuerza y es por ella que muchas marcas han descubierto que la culpa puede ser controlada a través de productos que sigan dando status pero que realmente ayuden a mantener la sostenibilidad del planeta, es decir, son productos que en realidad están haciendo algo por ayudar y no son simplemente esfuerzos hipócritas de “cómprame y prometo plantar un árbol”. No, son productos que basan su diseño y su función en la reutilización de otros productos ya desechados.

Esta tendencia le da la oportunidad a muchas marcas para que entiendan que las personas no pueden cambiar sus hábitos de consumo sustancialmente, ya que basan su consumo en la incansable búsqueda de status pues éste continúa siendo la fuerza subyacente en cualquiera de sus conductas.

Existen dos casos puntuales que queremos mostrarles como ejemplo de respuesta a dicha tendencia. El primero: “Liberty United”, joyería norteamericana que crea sus diseños a partir de armas de fuego y balas decomisadas. Trabajan en conjunto con las autoridades para recibir el material que ya no sirve como prueba en crímenes y cada pieza incluye el número de serial del arma. El segundo caso: “Nudie”, lanzó al mercado una alfombra de edición limitada, hecha con tiras de tela de pantalones de segunda mano o donados por la compañía.

Cuando lo “inútil” se vuelve útil

"Ser una revista de alta cultura en un país pobre intelectualmente"

Como publicistas sabemos que la comunicación por lo general debe enfocarse a la “masividad” y al “quiero vender”, sin embargo como consumidores creemos que la publicidad debe de ir más allá aunque somos conscientes de que la publicidad va a dónde vayamos nosotros, y la verdad es que la mayoría se deja llevar por contenidos fáciles de digerir y superficiales. Si bien es cierto la mayoría de las personas se encuentra en estos contenidos, nuestra pregunta es ¿qué pasa con las personas que se interesan por contenidos más intelectuales dónde se puede desarrollar un pensamiento más crítico, donde más allá de tener de que hablar en el momento se puede alimentar un poco más el conocimiento?

Tenemos que ser conscientes de que muchos de estos contenidos los encontramos en revistas o sitios web que deben sobrevivir de alguna manera pero que a su vez tienen un dilema ideológico pues no pueden convertirse en un portal de publicidad más y aunque lo quisieran las marcas no pautan allí porque sugieren que el impacto que logran es escaso.

Como publicistas consideramos (y lo hemos reiterado antes) que más allá de vender, tenemos la responsabilidad de hacerle ver a nuestros clientes que podrían impactar de una forma más positiva si dejan de pensar en números o mejor si adicional a los números piensan también en que su marca podría convertirse en un patrocinador de cultura que no sólo alimenta sus bolsillos sino también el cerebro de quienes les compran.

Hoy hacemos un llamado para que conozcan a la revista “El Malpensante” y los que la conocen que la difundan y la sigan leyendo a ver si por fin le hacemos ver a los anunciantes que los espacios intelectuales también son ideales para captar la atención de muchos y así demostrar que esta sociedad no se alimenta solo de contenidos donde solo ven drogas, desnudos y narcotráfico.

La utilidad de un mal pensamiento | ELESPECTADOR.COM - http://www.elespectador.com/noticias/cultura/utilidad-de-un-mal-pensamiento-articulo-504030

Hay que saber elegir por quién quedarse ciego, es decir, si invierto 24 horas del día frente a mi Laptop, Smartphone, Tablet o cualquier ser del más allá, debería entender que llenar mi perfil de favoritos, o darle pajazos a mi ego, o simplemente esperar 270 dedos arriba, no sería la mejor respuesta a mi ceguera mental.

De allí partimos del cambio que ha venido sufriendo de manera positiva la cultura digital, quien ha entendido muy bien la transformación de los modelos de negocios, y no solo estamos hablando de invertir mi pauta ya no solo en Facebook esperando alimentar el ego de cada una de las marcas, sino estamos hablando de la mina de oro de este negocio, de la vitamina de la retina y el postre de todos los medios, estamos hablando de la tendencia a la educación autodidacta y GRATIS. Si, gratis, porque no hay algo que más nos guste que comer sin pagar un peso. Situación que las marcas y el negocio han venido captando, hasta el punto de educarnos gratis y no estamos hablando de una clase magistral de matemáticas patrocinada por Fruco o de un sudoku alimentado por Coca-Cola para que seamos felices. Hablamos de marcas que unen su valor con el hecho de la creatividad, partiendo de que entienden muy bien la naturaleza de su producto.

Y es entonces como descubrimos una contracorriente, que justo motiva esta nueva tendencia «Me gusta ese momento en el que encuentras un fragmento mágico en algo que haces. Es el alimento que siempre estás buscando», dice Damon Albarn, en el primer capítulo de Creative Class, una serie de pequeñas entrevistas con personajes creativos, un proyecto patrocinado Wetransfer, que es una plataforma online de almacenamiento en una nube que permite cargar y descargar archivos de gran tamaño; además del compositor británico, el proyecto financiado por Wetransfer proyecta las reflexiones de personajes como el diseñador industrial Tom Dixon, el diseñador de zapatos Marc Hare y el músico Fred Deakin. Todos estos perfiles representan personas que han trabajado en la era analógica como en la era digital. Inevitablemente esto hace que sea un tema de conversación demandante en el que valoran el acceso a las herramientas que tenemos ahora, pero también extrañan la privacidad que tenían antes. «Tuve la oportunidad de pasar más de 5 años trabajando sin ser nada conocido para definir mi estilo y hacerlo completamente personal. Eso ya no ocurre», dice Dixon.

A través de estas charlas creativas, buscan mostrarnos como la cultura digital está obsesionada con la monetización, pero le faltan más herramientas para ofrecernos vitaminas que realmente alimenten nuestra mente y no malgasten nuestro tiempo. De proyectos que inspiren nuestras experiencias y construyan ideas trascendentes. El elemento que falta ahora mismo son experiencias que nos concentren en una cosa o nos proyecten a otras, sin dejar atrás el entretenimiento que como medio, nos ofrecen todas las plataformas. Inspirador, emotivo y reflexivo aquí se puede ver más

 http://thecreativeclass.tv/